En principio, los castillos fueron construidos en tiempos de los romanos como defensa bélica. Estas construcciones, que les dieron el nombre de “castellum”, fueron hechas con el motivo de erigir una barrera entre enemigos y ciudades, cuyos afectos eran demasiado grandes hacia estas (ciudades), y encontraron, mediante el castillo, la vía indicada para establecer dicha barrera protectora. Tiempo después en la edad media, los castillos se convierten en un elemento común en occidente (Alemania, Francia, España), llegando al punto de que hasta en el más recóndito pueblo, había algo parecido a un castillo. Desviado, en estos tiempos, de su intención inicial de defensa de un pueblo o ciudad, primaban en esta época otros intereses como el de salvaguardar la propiedad de los feudos. Por esta razón, los ejércitos oficiales se disuelven, y se crean los ejércitos de cada reino. Los puentes levadizos, los posos, las torres, los guardias, conformaban el equipamiento para resguardar el castillo. Posteriormente, en el tiempo de la invención de la pólvora, los castillos dejan atrás la función de proteger una riqueza invaluable mediante la equipamiento armero, y típico de la guerra, y pasan a manos de personas adineradas, que hacen de estos el escenario perfecto para le celebración de eventos, fiestas, y demás. También empiezan a funcionar como museos: lugares de historia. Ahora bien, el castillo, además de su función real histórica, se prestó cómo símbolo para la narración de historias, mitos y leyendas, que contaban desde el misterio indescifrable o la romántica historia de reyes y reinas. Shakespeare y Wilde son dos ejemplos clarísimos de estas crónicas legendarias. El Castillo Marroquín surge en un periodo muy posterior al origen real de los castillos europeos de la edad media, a finales del siglo XIX. El personaje que toma la opulenta decisión de erigir una construcción en piedra, que dominase la Sabana de la antigua Bacatá, situada frente a la histórica y aborigen ciudad de la Diosa Chía, recibe el nombre de José Manuel Marroquín. Dicho caballero, adelantado para su tiempo, con cualidades excepcionales, entre las que destacaban su excelencia como hombre político, literato y estro, fue además acaudalado, lo cual le permitió llevar a cabo semejante antojo opulento. Con características particulares comenzó la construcción de su castillo: dotado con torres circulares, capilla interior, cocinas para dobles servicios, amplios interiores para criados, y destinando una buena parte para residencia y recreo de pensador y literato de vuelo. El castillo Marroquín, por ser construido en época moderna, no tiene una carga histórica de violencia, lagrimas, batallas, sobre sí. Más bien es probablemente el único castillo que, por tener un siglo de construcción es de fisonomía nueva, y su historia pertenece a otro contexto que se enmarca en la influencia política y de la literatura de una época moderna. El nombre, como en la antigüedad, le fue dado, más por tradición del apellido del fundador; así quedo popularmente bautizado como “castillo Marroquín”. El castillo Marroquín, el cual naturalmente ha pasado por múltiples dueños, ha sido usado como punto de referencia para las personas. Además, ha sido el escenario en el que las leyendas, los mitos, y las fabulas se han desarrollado. La llorona, y otras leyendas han sido aquí contadas. Por otra parte, el poeta Julio Flores dedica un soneto al castillo destacando su nobleza y sus cualidades arquitectónicas. ISTORIA H

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